Sylvia Plath, ‘El libro de las camas’

 

Si quieres dormirte de buen humor, el libro perfecto es El libro de las camas, de Sylvia Plath. Ocurrente, simpático, con ritmo… ¡e ilustraciones a juego!

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Detalle de la portada , Editorial Libros del Zorro Rojo.

Conocemos a Sylvia Plath por su obra para adultos, pero al igual que otros autores, como Patricia Highsmith, sucumbió al placer de escribir literatura infantil.

Sylvia Plath escribió El libro de las camas en 1959, pero no fue publicado hasta 1976, años después de su muerte. Habitualmente se cree que lo hizo para sus hijos, pero nacieron en 1960 y 1962 respectivamente.

Poesía divertida

Ya la portada nos introduce en esta descabellada obra. Para ello, se utilizan muchos tipos diferentes de tipografía. Solo el título tiene cinco, una para cada palabra que lo forma. Además la sensación de que vamos a leer algo irreverente se refuerza con el uso de cursivas, negritas, mayúsculas, minúsculas…

El libro consiste en una serie de poesías absurdas y divertidas que describen diferentes tipos de camas. Aunque ella misma cuenta en su diario que eligió diez de una larga lista, en la versión final hay más.

«I chose ten beds out of the long list of too fancy and ingenious and abstract a list of beds, and once I’d begun I was away and didn’t stop till I typed out and mailed it (8 double-spaced pages only!) to the Atlantic Press.»

 

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Hay una cama submarino y una cama que te pueden llevar hasta Marte. Una cama para acróbatas y otra para gatos. Una cama comestible (por si te entra hambre a media noche), una cama tanque, una manchable, de bolsillo… Incluso una cama elefante.

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Las ilustraciones

El encargado de dar imagen a todas estas camas es Quentin Blake.  Lo hace con unos dibujos a tinta, dinámicos y divertidos, de esos en los que te puedes perder buscando detalles.

Solo utiliza un color, como si los hubiera dibujado al ritmo frenético de la imaginación del texto.

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En su Libro de las camas, Sylvia Plath hace difícil elegir entre tanta cama maravillosa, pero creo que hoy me quedo con la manchable, que tengo ganas de saltar. Mañana será otro día. Tal vez me apetezca viajar a Marte.

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